REDUS pide poner en duda el contrato de Blackboard (Parte I, apuesta por soluciones libres)

Desde REDUS queremos manifestar nuestra preocupación ante las consecuencias que tiene seguir apostando por la plataforma Blackboard para el apoyo a la docencia. Consideramos que este momento – en el que se discute la renovación del contrato del servicio de campus virtual- es clave para replantear el modelo tecnológico que utiliza nuestra universidad y las implicaciones que tiene más allá incluso de lo instrumental. Consideramos que debemos avanzar hacia soluciones que respondan mejor al interés público y pensar en las implicaciones éticas.

Blackboard tiene deficiencias claras: muchas de sus funcionalidades no son usadas por una amplia mayoría de personas de la comunidad universitaria; su interfaz resulta compleja y poco intuitiva; ofrece una integración limitada y a menudo problemática con otras herramientas digitales utilizadas en la docencia; su sistema de gestión de contenidos y evaluaciones es rígido y poco flexible; las herramientas de comunicación y colaboración son inferiores a las disponibles en otras plataformas; y, además, depende de un modelo propietario que limita la posibilidad de adaptación, mejora y auditoría por parte de la propia universidad. Estas carencias afectan a la experiencia docente y de enseñanza-aprendizaje, y evidencian la necesidad de explorar alternativas más abiertas, eficientes y adaptadas a las necesidades reales de la comunidad universitaria.

Además, la dependencia de plataformas privativas gestionadas por grandes corporaciones tecnológicas supone un coste económico elevado y genera una dependencia tecnológica innecesaria. Esta dependencia tecnológica tiene además -en muchas ocasiones- implicaciones más allá de la tecnología. Por ejemplo, es bien sabido que Microsoft o Google están siendo empresas colaboradoras en los ataques y desestabilización que se cometen en Palestina y ahora en Irán.  

¿Qué proponemos?

Las soluciones de software libre ofrecen ventajas claras para una institución pública: mayor transparencia, capacidad de adaptación a las necesidades reales de la comunidad universitaria, y control sobre los datos y la infraestructura digital. Además, permiten fortalecer la soberanía tecnológica y digital de la universidad, evitando depender de proveedores externos, quienes poseen toda nuestra información digital académica y científica e información sensible perteneciente a la universidad, cuyas decisiones escapan al control de la comunidad académica y pueden tener implicaciones éticas.

Asimismo, apostar por software libre significa también apostar por el desarrollo local. La inversión económica asociada al mantenimiento, desarrollo y soporte de estas plataformas puede quedarse en el territorio, fomentando la colaboración con empresas y profesionales del entorno cercano, en lugar de transferirse a multinacionales con sedes fiscales como Luxemburgo. Además, el software libre es más interoperable y fácil de integrar con otras plataformas libres. Europa apuesta por el software libre y la soberanía tecnológica mientras la Universidad de Sevilla se queda entre las pocas instituciones de educación superior que tienen plataformas privativas ¿Qué motivos están detrás de esta decisión? ¿Hay alguien en la US beneficiándose de estos contratos millonarios? 

La Universidad de Sevilla debe liderar una transición hacia un modelo tecnológico más justo, sostenible y alineado con los valores del conocimiento abierto. Numerosas universidades en Europa y en el Estado español ya han demostrado que es posible gestionar campus virtuales robustos y eficientes con tecnologías abiertas.

Por todo ello, desde REDUS solicitamos a los órganos de gobierno de la Universidad de Sevilla que planifiquen una transición progresiva pero firme hacia un plan tecnológico de software libre. Dicha transición se puede hacer a través de experiencias piloto y cursos de formación del ICE para la formación del profesorado, y un horizonte temporal para abandonar la antigua plataforma.

La Universidad de Sevilla debe ser un referente en el uso responsable, democrático y ético de la tecnología. 

¡Por una universidad que use herramientas libres, apueste por la soberanía tecnológica y piense en las implicaciones éticas de sus plataformas!